14.3.05

Otonia y ella


Te busco cuando lo necesito. ¿O vos no me llamás cuando me necesitás también? Lo solucioné amiga, lo solucioné todo. Le dejé la carta, pero no se si la encontró, porque la dejé entre sus papeles del trabajo y resulta que se fue de vacaciones. Quizás deba mandarle un correo electrónico diciéndole que la carta está entre sus papeles. Pero a la vez no sé, porque el no revisa mucho su e-mail. ¿Y si le dejo un mensaje en el contestador del celular que diga que tiene un e-mail que dice donde esta la carta? Es verdad, mejor me calmo, ayudame a enfriar un poco mi ansiedad. Si, llega el lunes, se fue solo por este fin de semana largo. Ahora que lo pienso mejor le escribo otra cosa, porque yo y mis formas raras de escribir cartas, ya sabés. No va a entender ni un pomo de lo que quiero decirle, que en definitiva es que me voy. Si, y esa letra podrida que tengo. Bueno, loco, que se joda por abrumador, ¿o es toda mi culpa? ¡Ni siquiera estamos juntos! Me comería una lasaña. Ya se, al final no solucioné nada. Por lo menos terminé los cuentos que me pedía la editorial. Y estoy haciendo otros nuevos. Está bien, te voy a incluir, pero al final todos quieren protagonismo, che. Yo escribo de quien se me da la gana, del que siento escribir, eso no significa que aprecie al resto menos. Igual a veces me siento tan sola. Yo y mi mundo, mi mundo y yo. Al principio lo disfrutaba pero cada vez se torna más monótono. Quizás estaría bueno agregarle un par de habitantes. Si sabés a quien me refiero. Si, si, ese quien. No me importa si no te gusta para mi, (dame esa manzana), ¿desde cuando tenés ganas de opinar con respecto a esos quienes? Dale. ¡Siempre estuviste soltera por frívola! ¡Andá! ¡Gracias por la manzana heladera de porquería!